La historia de la Venida

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La Venida de la Virgen del Rocío a Almonte es una de las manifestaciones religiosas, históricas y culturales más importantes de la localidad. Consiste en el traslado de Nuestra Señora del Rocío desde su santuario, hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Almonte.

En la actualidad se celebra cada siete años. La Virgen llega al pueblo durante la madrugada del 20 de agosto y permanece en Almonte hasta poco antes de la siguiente Romería del Rocío. Su estancia habitual es de aproximadamente nueve meses.

Sin embargo, durante varios siglos las venidas no tuvieron una periodicidad fija.

La Virgen era trasladada cuando el pueblo necesitaba solicitar su intercesión ante sequías, epidemias, guerras, calamidades públicas u otras circunstancias extraordinarias.

Antes de existir noticias documentales, es posible que Santa María de las Rocinas (nombre primitivo de la Virgen del Rocío) fuera llevada ocasionalmente hasta Almonte. No obstante, los historiadores distinguen entre las tradiciones transmitidas oralmente y los traslados que pueden demostrarse mediante actas municipales, documentos eclesiásticos o testimonios escritos.

A principios de abril de 1589 tuvo lugar la primera venida documentada de la Virgen de las Rocinas a Almonte, motivada por una pertinaz y severa sequía que, sumada a gélidas temperaturas desde 1588, provocó la ruina del campo, hambrunas y una alta mortalidad. Ante esta desesperada calamidad, un grupo de vecinos trajo en procesión la Imagen a la parroquia para dedicarle rogativas, actuando por iniciativa propia y sin la preceptiva licencia del clero local. Dicha transgresión del derecho canónico motivó una denuncia ante la Audiencia Arzobispal de Sevilla, cuyo pleito notarial constituye hoy el primer testimonio histórico de los traslados a la villa.

Durante los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, Almonte dependía en gran medida de la agricultura, la ganadería y los recursos naturales. Una sequía prolongada podía provocar la pérdida de las cosechas, hambre y graves dificultades económicas.

Ante estas situaciones, el Cabildo municipal podía solicitar formalmente que la Virgen fuera trasladada a la villa. La Imagen permanecía en la parroquia mientras se celebraban:

  • novenas;
  • misas;
  • rogativas por la lluvia;
  • actos penitenciales;
  • acciones de gracias.
  • procesiones;

Los estudios climáticos basados en las actas capitulares han identificado, entre 1589 y 1929, al menos treinta y tres traslados relacionados directamente con la sequía.

Además, existieron otras venidas motivadas por epidemias, guerras, reparaciones de la ermita o celebraciones de agradecimiento.

La venida de 1589, es la primera documentada con claridad. La Virgen fue llevada a Almonte para implorar la llegada de las lluvias.

El acuerdo municipal refleja una característica fundamental de las antiguas venidas: no eran fiestas programadas, sino respuestas comunitarias ante una situación de necesidad.

En 1653, la Virgen fue proclamada oficialmente Patrona de la villa de Almonte.

Este acontecimiento consolidó institucionalmente una devoción que llevaba siglos desarrollándose alrededor de Santa María de las Rocinas.

Desde entonces, las peticiones de traslado adquirieron también el carácter de encuentros entre la Patrona y su pueblo.

El siglo XVIII fue uno de los periodos con mayor número de venidas extraordinarias. Diversos estudios históricos contabilizan alrededor de dieciséis traslados durante esta centuria, aunque las relaciones exactas pueden variar según se incluyan únicamente los documentados oficialmente o también los considerados probables.

Durante el siglo XIX las venidas conservaron su naturaleza extraordinaria, aunque fueron incorporando elementos festivos y ceremoniales que anticipaban el rito actual.

Hasta bien entrado el siglo XX, cada venida tenía una causa concreta. No existía todavía la obligación de realizarla cada siete años.

El cambio fundamental se produjo en 1949. Aquel año la Virgen fue trasladada con motivo de la bendición y reapertura de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, reconstruida después de los daños sufridos durante la Guerra Civil.

La venida de 1949 se convirtió en el comienzo del ciclo contemporáneo. En 1956 se mencionó expresamente por primera vez el plazo de siete años transcurrido desde la venida anterior.

Algunas investigaciones señalan que la periodicidad sin una causa extraordinaria específica quedó definitivamente consolidada a partir de 1970.

Las Venidas de 1977, 1984, 1991, 1998, 2005 y 2012 marcaron la continuidad de una tradición que se renueva cada siete años. La de 2019 quedó excepcionalmente prolongada por la pandemia de la COVID-19, permaneciendo la Virgen en la Parroquia de Almonte durante treinta y tres meses, hasta su regreso a la aldea en mayo de 2022.

Hoy, ese legado histórico te conduce a la Venida de 2026, de la que eres testigo y protagonista.