Los arcos de la plaza

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La Venida refleja la transformación de una antigua rogativa de carácter excepcional en una celebración periódica.

Cada siete años, las calles dejan de ser únicamente calles. Se transforman en un camino de fe y de esperanza, una manifestación de amor filial de todo un pueblo hacia su Madre. Generación tras generación, los almonteños han levantado un arco para recibir a su Patrona. Ninguno fue igual al anterior y todos fueron realizados por carpinteros artesanos almonteños.

Cambiaron las formas, evolucionaron los materiales y creció la belleza de estas arquitecturas efímeras, pero todos compartieron una misma finalidad: proclamar, con la fuerza silenciosa del arte, el amor de un pueblo a la Virgen del Rocío.

Muchos de quienes contemplaron aquel primer arco en 1949, ya no están entre nosotros. Sin embargo, su mirada continúa viva en cada Venida. Aquellas manos que doblaron el papel de seda, que levantaron las columnas de madera o que encendieron las primeras luces trabajaban movidas por la misma ilusión que hoy sigue latiendo en el corazón de Almonte: preparar el mejor recibimiento posible para la Madre de Dios.

2. Los Arcos de la Plaza